|
|
SE LLAMABA LUIS BANCHERO Cronica sobre un hombre de empresa En 1986 IPAE organizo un concurso periodistico llamado "Concurso IPAE 1986". Este concurso fue ganado por el Sr. Luis Alberto Guerrero Uchuya, que hizo esta Cronica sobre un hombre de empresa "Se llamaba Luis Banchero", la misma que se publico en un suplemento especial del Diario Ojo, por esas fechas. Este articulo sera retransmitido gracias a la gentileza del Ing. Eduardo Pastor, gran coleccionador de bibliografia relacionada con los temas maritimos. Seguramente a muchos les gustara. Vuelve a pagina principal de Oannes SE LLAMABA LUIS BANCHERO / Crónica sobre un hombre de empresa. Se llamaba Luis Banchero Rossi y fue, para muchos, el más grande
empresario que ha tenido el Perú. El 1ro de enero de 1972, Banchero
murió asesinado en su propia residencia de Chaclacayo, en circunstancias
aún no totalmente aclaradas. De entonces acá, su nombre
empezó a ser leyenda. Hecho y forjado a fuerza de su talento y de su audacia, Banchero desbordó fronteras, se resistió a ser maniquí de otros intereses que no fueran los suyos, y en el duro y frío mundo de las finanzas compitió de igual a igual con los especuladores de Hamburgo y Wall Street, buscando siempre nuevas posibilidades, mejores horizontes. La vida de Banchero es, para todo aquel que se interese en los negocios, un libro abierto y una lección permanente. No fue un empresario clásico sino un revolucionario. Jugó en grande, y ganó y perdió en grande; se movió en los más altos y en los más bajos estratos de la sociedad de su tiempo, y siendo halagado como pocos, también como pocos fue satanizado y envidiado. Quienes lo conocieron de cerca dicen, generalmente, que fue un hombre bueno. Fe de ese testimonio pueden darle las lágrimas que a su muerte se vertieron, por parte de miles de humildes pescadores que constituyeron su ejercito privado. En el Perú, antes de él, murió más de un
poderoso, inclusive capitanes de imperios económicos, pero jamás
ni un hombre del pueblo derramó una lágrima gratuita. ¿Qué hizo de Banchero un Capitán de empresa diferente?
¿Por qué rompió los moldes que año tras año,
década tras década, habían incubado otros gerentes,
directores o presidentes de directorio que creían a pie juntillas
en el axioma de que capital y trabajo tienen polos opuestos? ¿Se
debe quizás a su sangre genovesa, de esa estirpe de aventureros
que como Colón descubrieron nuevos mundos? ¿Habría
que atribuirlo quizás a su cuna provinciana, que desde la lejana
Tacna lo impulsó a demostrar lo mucho que valía? ¿O
fue su áspero y singular trato con esa masa miserable pero esperanzada
a la que desde su primera empresa supo interpretar como pocos en su derecho
a ganarse un pan en la misma proporción que lo creaban para otros?
Fue eso y mucho más. ¿O acaso no puso Banchero los colores de Italia en sus muchas
naves que conquistaban para Perú una nueva región natural
-el mar- que a partir de él ya figura en los mapas? ¿O no
fue en Tacna donde abrió el primer diario del imperio periodístico
que quiso formar? ¿O no fue para Chacalla, Chiroca o Charol, los
rudos capitanes de sus lanchas, algo más que un patrón?
- ¿Cómo están los muchachos?-. Preguntaba Banchero
dirigiéndose a Chacalla, que lo había abordado al final
de una ceremonia en el Callao, en medio de ministros de la época
velasquista, funcionarios y otras personalidades oficiales. "Recordándolo
siempre, don Lucho", le había respondido Chacalla. Luis Banchero Rossi fue hablando con toda justicia, el primer empresario
moderno que tuvo el Perú. El primero que supo visualizar, y aprovechar
en parte, el inmenso potencial que guarda nuestro mar; el primero en dejar
el escritorio y escoger como escenario de sus triunfos y agonías
el muelle, la pampa, la larga carretera, en una lucha permanente contra
el reloj. Su identificación con el mar no fue cosa de un día. Fue
un largo proceso cuyas raíces hay que rastrear, de seguro, en sus
años formativos de la Universidad de Trujillo. El jabón era maloliente y blando; su color negruzco no invitaba
a lavarse con el. -¿Me lo regalas?- preguntó Lucho Banchero
a su primo Mario Rossi, interesándose en el resultado de sus prácticas
de química. "Claro llévatelo" fue la respuesta,
sin imaginarse para que lo quería. Había una aguda escasez de jabón no solo en Trujillo sino
en el resto del país. Era el año 1946 y Banchero cursaba
el primer año de Ingeniería Química en la universidad
norteña. Habiendo vendido el jabón de las prácticas
de su primo, que se encontraba más adelantado en la misma materia,
Banchero vio el negocio y pidió mas. Parte de la casa de su tío
en Trujillo se convirtió de pronto en una mini-fábrica en
la cual humeaban la soda cáustica y el sebo; una vez solidificado
el rústico jabón era cortado con una guillotina hecha de
cuerdas de guitarra, y Lucho se encargaba de convertirlo en dinero vendiéndolo
a la bodega de los chinos. - Alicia, en este país la plata está botada, solo hay que
recogerla, si solo me lo dejaran hacer...- Se lo decía a su prima
Alicia Rossi en esos años aurorales. Buscaba definirse en los negocios,
soñaba con mil ideas, desde poner una cadena de lavanderías
o dedicarse al contrabando fronterizo. Ella le instaba a pensar en grande:
"Algún día, Lucho, vendrán a proponértelo
todo" le decía; y él contestaba: "No puedo esperar,
no puedo esperar" Banchero encontró su camino tras una búsqueda
penosa. Es posible que todo empresario empiece así, viendo el amplio panorama
de la oferta y la demanda, decidiéndose al cabo de 100 opciones
por algo especifico. No habría tenido tiempo entonces de averiguar
que en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
en su primera acepción de "empresa" -que remite al latín
"in-prehensa", la define como "acción ardua y dificultosa
que valerosamente comienza" Formar empresa en el Perú, sobre todo es una acción verdaderamente
dificultosa y hay que tener valor para abordarla. Así fue antes,
y así lo es hoy. Para ser empresario hay que ser arriesgado y,
si uno quiere tener éxito pronto, hay que ser también audaz.
Hay que tener talento y una innata capacidad para el trabajo. Y aparte,
una imprescindible capacidad de valorar el bien y el mal, de saber la
verdad de los demás, sean amigos o adversarios. Hay que tener también
sentido de lo factible. Ir bordeando dificultosamente entre el camino
seguro de lo posible y el abismo del sueño o de la fábula.
"Cada cosa a su tiempo" también podría ser uno
de los mandamientos que guíen la acción del empresario.
"Hay que llevarlo a donde tenga un mejor precio". Con esta
enfática frase se inició en el comercio de alcohol. Del
pequeño comercio que tenia su prima Alicia hizo una distribución
en grande, llevándolo inclusive en cilindros hasta Puno y las serranías
de Trujillo, Huancayo y Arequipa. Banchero y un ayudante cargaban los
cilindros en Laredo sobre una crujiente camioneta, desaparecían
un día o dos, y volvían cargados de billetes. En poco tiempo
agotó las existencias de alcohol de la entonces gran hacienda trujillana.
Otra de las cualidades que forjan a un empresario es la constancia, el
no desanimarse ante la adversidad, e inclusive sacar partido de ella.
La crucial diferencia ente el éxito y el fracaso, quizás
se encuentra en este minuto aparentemente perdido que pone a prueba la
paciencia, y atiza la rebeldía. - Cuando yo vendía alcohol en las haciendas de la sierra, a veces
tropezaba con un japonés que me hacía esperar dos horas
bajo el sol antes de abrir su tambo. Mientras sudaba bajo el sol me preguntaba
cual sería la mejor manera de joderlo, ¿Y sabes cuál
era? - No. - Venderle el doble de alcohol y más caro. Se lo decía
el propio Banchero a Carlos Sotomayor, con quien viajaba por los años
sesenta por los países de Europa buscando compradores para la harina
de pescado peruana que era entonces de una feroz lucha especulatoria internacional.
Tras la aventura del jabón y su exitosa incursión en el
negocio de alcohol, Banchero puso los ojos en otro subproducto de Laredo
: La melaza. Le resultó difícil creer que no tuviera aplicación
práctica, hasta que el administrador de la hacienda, Isidoro Loebl,
de regreso de un viaje a los Estados Unidos, le dijo que allá se
utilizaba como alimento de ganado mezclada con el forraje. Fue la revelación que necesitaba, y Lucho Banchero se metió
de lleno en la empresa. Tras las primeras experiencias exitosas, en las
que comprobó que nada engordaba mejor a las reses que la chala,
la alfalfa o las corontas de maíz mezcladas con melaza. Formó
Productos y Forrajes, en sociedad con su prima Alicia. Los pozos de melaza
de Laredo quedaron al poco tiempo vacíos, y con ello surgió
su fama de vendedor. - Ha vendido piedras-. Lo decía Isidoro Loebl a un amigo, comentando
los éxitos de Banchero. Era 1952 y el joven Banchero apenas si había cumplido los 22.
La reunión con Manucci, Proussman y Fortunato Eleorraga, amigo
de Banchero, dio como resultado la conformación de Importadora
Trujillo S.A. con un capital de 200 mil soles de esa época (hoy
una verdadera fortuna). - Yo no sirvo para depender. Quiero mi propio negocio-. Ante su rotundo
éxito con los lubricantes Kendall -en 1954 solo en La Libertad
había vendido 25 mil galones- Carlos Manucci le había propuesto
que asumiera la gerencia de su negocio en Chiclayo, como base de operaciones
para el resto del norte. Las conservas de pescado eran, entonces, un rico filón. Durante
un cuarto de siglo, la incipiente industria conservera había enlatado
atunes y bonitos para consumo interno o la exportación. Desde 1947
se exportaba también harina de pescado. Luis Banchero Rossi ya tenia entre ceja y ceja el negocio del mar, y
así se lo propuso a Manucci. ¡Ni hablar! -dijo el maduro
empresario- ¡cualquier cosa menos eso!, recordando los dos descalabros
que había sufrido con la pesca. Pero la insistencia y la fama de
Banchero, convencido de sus propias posibilidades, doblegaron la resistencia
de Manucci quien accedió a poner su dinero. Nació así
"Florida", con un 64 % de participación de Banchero y
de Ignacio de la Riva y un 36 % de accionariado por parte de Manucci.
Banchero empezaba su carrera hacia la cumbre. Fue por esta época en que Banchero conoció a Daniel Santos
Castro, pescador propietario de tres lanchas, a quien en Chimbote más
conocían como "Cara de Papa" el primero de una lista
de amigos y conocidos que tendría en ese mundo rudo y violento
al cual no eran ajenos inclusive algunos desadaptados. Banchero, en efecto
era un conocedor de la naturaleza humana, más de un ángel
caído con intención de regenerarse con un trabajo honrado
encontró cabida en las planillas de "Florida", y más
tarde de las de "Humboldt", "Los Ferroles" y sus otras
empresas, que acogerían a nombre y apellidos que antes solo figuraban
en comisarías y juzgados. El 22 de octubre de 1955 "Florida" empezó a producir,
tras superar una serie de contratiempos. No era época de abundancia
de bonito, la materia prima de la actividad conservera, pero a fuerza
de habilidad y coraje había logrado asegurar su abastecimiento.
- Estos viejos cree que el negocio es producir poco y caro. Hay que hacer
números: la mano de obra no llega al quince por ciento de los costos.
Se debe producir más y pagar más; y sobre todo, trabajar
todo el año, no detenerse nunca-. Se lo decía a Juan Sagarvarría,
quien trabajaba para Envasadora Chimbote y con quien había hecho
buenas migas desde un principio, al punto de confesarse ante él
en voz alta. Y es que un nuevo estilo de hacer empresa había llegado a Chimbote.
El estilo de alguien que apuntaba más alto, que pretendía
no solo vivir el momento sino proyectarse al mañana, que no podía
estar tan distante. El secreto de Banchero no era otro que trabajar agotadoramente,
de sol a sol, y más allá. "La única forma de
crear riqueza es trabajando" era su máxima; y al mismo tiempo
que encauzaba "Florida" seguía manejando aun "Productos
y Forrajes", tenía en traspaso el negocio de lubricantes y,
cuando era necesario, cobraba inclusive sus facturas o compraba personalmente
el pescado para alimentar las líneas de producción de su
envasadora. -Y tú ¿no rezas?-. Le preguntaba a Sagarvarría,
quien a su lado, sucio y con la barba crecida, lo acompañaba cayéndose
de sueño en la primera misa matutina de una iglesia de Miraflores.
Habían llegado de Chimbote para pasar el domingo en Lima, en uno
de esos quincenales respiros que se daban, y lo primero que había
hecho Banchero era parar su camioneta, a las seis de la mañana,
frente a la iglesia. Sagarvarría, que en camino había consumido
media botella de whisky, no tuvo otra cosa que contestarle: "No puedo...
se me siente el tufo". Es que el "estilo Banchero" no desdeñaba la diversión,
cuando era necesaria. Hasta hoy se recuerda en el norte su duelo de tragos
con el hacendado Carlos Aramburú, en el cual venció sin
ser un bebedor de diaria práctica. O la vez que cerró el
Mickey Mouse, el más famoso club nocturno del litoral peruano,
para celebrar con sus pescadores la botadura de la segunda de sus grandes
bolicheras. O cuando en su casa de Chaclacayo reunía a poetas,
compositores y otros conocidos, para matizar los negocios con un trago
o un piscinazo. Banchero había traído al mundo de los negocios
el concepto de que quien trabaja a conciencia merece ser recompensado,
e inclusive disculpado de sus pecadillos. - Lo que yo pregunto es: ¿Chiroca viene con anchoveta, verdad?;
"Sí señor Banchero". ¿Y hace tres viajes
diarios, no es verdad?; "Sí señor Banchero". ¿Y
también trabajo los domingos? "Sí señor Banchero",
¿Entonces tiene derecho a beberse unas cervezas de vez en cuando?;
"Sí señor Banchero". Le recriminaba a un empleado
de Humboldt, que acudía con la noticia de que Chiroca embarcaba
en su bolichera cajas de cerveza además de víveres. ¿Estaba en estas actitudes el secreto de la productividad? En
un mundo tan sui géneris como el de la pesca, quizás. Y
aunque Banchero no hubiera conocido de teorías para estimular la
producción, bien que lo lograba en cada una de sus empresas. La
gente lo entendía, y trabajaba; y trataba de ser , el, no solo
el mejor sino de rodearse de los mejores, de todo aquel que supiese hacer
bien, y rápido, su propio trabajo. En junio de 1956 Banchero da
otro gran paso: planea instalar su fabrica de harina. Forma la Compañía
Industrial Pesquera del Pacifico Sur, de la mitad de cuyo capital es propietario.
Su socio es Wilbur Ellis, un experimentado inversionista de la pesca industrial,
propietario de otras fabricas en el litoral. Mas tarde le cambiara el
nombre a "Pesquera Humboldt". Fue por entonces que personalmente empieza a formar su equipo de pesca.
Recluta a Lucho Barrera, a Angel Balazar, mas conocido como "Charol",
a Manuel Guerrero Balazar, a quien mejor se identifica como "Chiroca";
todos ellos pescadores de leyenda. Surgen la "Roxana", la "Fiorina"
y la "Marilú", bolicheras que se identificaban con los
colores verde, blanco y rojo; y más tarde vendrían la "Ana
María", la "Mariella" y la "Giuliana",
bautizadas siempre con los nombres de sus sobrinas. - Esta lancha es de mi hijo. En el muelle del Callao, frente a la "Fiorina",
habla doña Florentina Rossi Vda. de Banchero. Su hijo le ha dicho
que en el muelle tiene una lancha en la cual puede dar un paseo. Charol,
quien le ha dicho que la bolichera es "de un señor Banchero
Rossi", le responde cortésmente: "Entonces esta lancha
es también suya señora" y la hace subir para darle
el paseo. Pero no todo iba a caminar bien. Hay momentos en que los socios no entienden
las proyecciones, y no comparten las urgencias. Banchero era uno de esos
empresarios que no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy. A
su juicio, Wilbur Ellis marchaba lentamente, no daba paso a su iniciativa
de duplicar la producción, instalar más fabricas en Chimbote
y en el Callao, comprar nueva maquinaria, crecer, crecer. El empresario
no vaciló en buscar nuevos negocios, y entabló negociaciones
con el yugoeslavo-norteamericano Martín Bogdanovich, épico
pesquero internacional, propietario de Star Kist, quien ya tenía
participación importante en la industria nacional. No se habían cumplido tres meses de que Humboldt operaba, cuando
ya Banchero formaba su tercera gran empresa de la pesca: Compañía
Pesquera Los Ferroles, con un modesto capital de un millón doscientos
mil soles. Su socio principal : Star Kist Peruana, pero siempre él
controlando el negocio, como el gerente general, aunque Bogdanovich estaba
representado por George Goglo en la presidencia del directorio. A fines de 1957, "Los Ferroles" aumentaría su capital
a diez millones de soles, mitad pagado y mitad en cartera, y pronto sería
la fábrica más moderna del litoral. Humboldt entretanto
se rezagaba, y llegó el momento de tomar una gran decisión. - Yo no nací para tener socios-. Se lo decía Banchero a
Juan Sagarvarría, en uno de esos instantes de confidencia. "No
puedo continuar con Wilbur Ellis" decía, y la respuesta del
amigo no se hizo esperar; "o vendes o compras". Eso pienso hacer
-dijo él- y en el futuro donde veas mi nombre ten la seguridad
de que soy el único dueño. En el ínterin Banchero había asumido, a la muerte de su
socio Carlos Manucci, el control total de "Florida". No fue
una maniobra especulativa, sino simple y llanamente el resultado de la
ignorancia de los deudos en relación a la perspectiva de los negocios
del empresario fallecido. Fue, en este caso, la viuda de Manucci quien cedió las acciones
de su difunto marido en "Florida" por la ilusoria seguridad
del plato de lentejas de los negocios de Kendall. El 30 de marzo de 1956,
Laura Vega Vda. de Manucci trocó su participación legal
en "Florida" (36 %), de lo que pronto sería el más
grande imperio del mundo en materia de pesca, por el negocio de los lubricantes,
que no tardaron en irse a pique sin una mano que los promoviera, y vendiera
adecuadamente. Ya como único dueño de "Florida", pues Banchero
también había cedido a su socio De La Riva su parte de Productos
y Forrajes a cambio del resto de acciones de la envasadora de pescado,
la segunda empresa de su género, después de Coishco y delante
de otras cuarenta y cuatro más antiguas. El propio Lucho Banchero
luchaba el pescado en el muelle, garantizando la materia prima de la envasadora.
- ¿Qué pasa muchachos? ¡Hablando se entiende la gente!-.
Frente a un grupo de enardecidos pescadores que avanzaba amenazador en
el muelle, Banchero trataba de ganar terreno. Querían mejores precios
y les habían dicho que Banchero trataba de poner precios ruines,
pese a los acuerdos logrados entre el Sindicato y armadores. "Yo
no he puesto precio, ni siquiera he hablado" dijo Banchero a la masa,
pidiéndoles traer al culpable. Y mientras el autor del infundio
fugaba, Banchero apaciguaba la protesta y compraba todo el pescado. Luego vinieron los tiempos difíciles. No sólo la anchoveta
empezó a escasear sino que tuvo que vérselas con los especuladores
internacionales de la harina, dueños y señores de un negocio
en el cual el Perú solo había aportado la materia prima,
colocando desordenadamente su producción. Tuvo que llegar el momento
en que tenia que enfrentarse con Joaquín Peña, el hombre
de Comergeral, que controlaba el comercio mundial de la harina. - Los peruanos le estamos estropeando el negocio, ¿verdad?-. Se
lo decía Banchero cara a cara a Peña, cuando este visitó
Lima, desesperado por el ímpetu con que actuaban los pesqueros
peruanos liderados por él. "Más o menos" fue la
respuesta, a lo cual Banchero replicó: "Más que menos".
Los peruanos están arruinando el negocio a todo el mundo -tuvo
que conceder Peña-. Banchero aprendía rápido. Un empresario tiene que asimilar
lo bueno y lo malo, y de la confrontación con Peña sacó
el mejor partido. Fueron días intensos en los cuales el magnate
español pudo calibrar a Banchero, y este a su vez a él.
- He sido vendedor casi de todo. También soy ingeniero-. Así
se definía Banchero ante Peña en una de esas madrugadas
insomnes, cuando el español le comentaba: "Me dicen que usted
se ha hecho solo" . "Tengo la impresión que llegará
muy lejos -le decía- y prefiero que sea mi amigo". "Yo
también lo prefiero" respondió Banchero. Luis Banchero fue un hombre sensitivo. Sólo así puede entenderse
su aventura en el mundo periodístico. Hay quienes sostienen que
fue porque quería ser Presidente, y sintiéndose ya dueño
de un imperio económico quiso ser también dueño de
un periódico, como lo eran Pedro Beltrán en "La Prensa"
o Luis Miró Quesada en "El Comercio". Para entender esta
etapa de la vida de Banchero hay que recordar que en los años sesenta
la propiedad de un periódico no era simplemente la propiedad de
una empresa; era detentar un poder que escapaba, y superaba, la índole
de cualquier otro negocio. Siguiendo su costumbre, Banchero llamó
a este empeñó a quienes consideraba más capaces.
Pero no tuvo en cuenta que, aún siendo capaces también podrían
ser derrochadores. El diario "Correo" nació modestamente en Tacna, con
Raúl Villarán Pasquel como director. Este "genio"
absolutista y temperamental había descollado como editor "prima-donna"
de "Ultima Hora" y "Expreso" y a punta de escándalo
y amarillismo se había encumbrado en el gris panorama del periodismo
de su tiempo, con ampulosos titulares, despliegues gráficos inverosímiles
y gastos astronómicos que desafiaban cualquier presupuesto. Aún
el de Banchero. Banchero editó su primer "Correo" en su ciudad natal,
llevado evidentemente por la gratitud. Posiblemente fue cuando tuvo en
sus manos el primer número, fresco de tinta y de actualidad, que
prendió en él el gusanillo del periodismo, para planear,
junto a la febril fantasía de Villarán, la más grande
cadena periodística que el Perú tuvo: con aviones, con barcos,
con teletipos instantáneos, rotativas, periodistas por docenas
y una fábrica de las más elucubrantes primicias. - Raúl, he puesto una fortuna en sus manos. - Por eso mismo don
Luis, le voy a pedir que no venga a "Correo" hasta que yo le
avise-. Era el principio del fin. "Correo" hacia agua, Villarán
se aislaba, expulsaba en su temperamentalismo inclusive a los dueños.
Era el más grande fracaso que Banchero había experimentado
jamás. ¿Es acaso que fantasía y empresa no tienen un común
denominador? Por lo menos en el caso de la relación Banchero-Villarán
no tuvo éxito, quizás porque el primero no entendía
la especial forma de conseguir lectores (y hacer negocio) que tienen algunos
periodistas, o porque a Villarán se le fue la mano, creyendo a
Banchero el mecenas omnipotente de todos sus desvaríos. Fue, sin
embargo, Raúl Villarán Pasquel quien hizo de Luis Banchero
su más rotunda semblanza humana. Era un jugador solitario. Casi un enfermo, que en ratos de pesadumbre
golpeaba la mesa con los puños y blasfemaba. Despreciaba el dinero,
y su desprecio también incluía a quienes lo codiciaban.
Lo embriagaba el poder. Era duro, frío y también mezquino,
capaz de falsedad. Cargado de titubeos, sensual lleno de culpas. Así
como movía montañas para ayudar a un amigo también
volvía las espaldas para siempre. Villarán decía
esto y mucho más en un "Memorándum Confidencial para
un Juez Instructor" que escribió para el juez ad-hoc José
Santos Chichizola, cuando se investigaba su muerte. Cuando vinieron los tiempos difíciles, Banchero tuvo que poner
en juego toda su capacidad. Ya había asumido el pleno control de
Humboldt, habían nacido Pescamar y Astilleros Picsa, y para gobernar
a todas las demás empresas había surgido Oyssa, una organización
administrativa matriz, con un verdadero banco de cerebros. Banchero tenía
conciencia de que estaba sumergido en negocios muy grandes. "Así
es la pesca" decía a Isidoro Loebl, a quien había reclutado
para Oyssa junto a compañeros de otros tiempos. "Si ganas,
ganas mucho; si pierdes, pierdes todo", sentenciaba. - A veces los nervios se me quiebran-. Confesaba Banchero cuando le preguntaban
"¿Como resistes?", y agregaba: "Debo inspirar confianza.
Los bancos no prestan a los asustados". Las dificultades con la pesca lo orientaron a la diversificación.
Modernizaba, pero no era suficiente. Entró al negocio de enlatar
jugos y hortalizas, comprando para ello la Cadena Envasadora San Fernando,
una conservera en Trujillo que estaba al borde de la quiebra. Con racional
decisión cerró sus fábricas envasadoras de atún
y bonito en Chimbote, y las trasladó a Trujillo, donde además
de jugos enlataba pescado. ¿Qué proyectaba Banchero para el futuro? ¿Tal vez
enlatar la cocona y el maracuyá? Se hicieron los estudios, pero
no había dinero para instalar la conservera en Pucallpa. ¿Una
mejor utilización de la anchoveta para consumo humano? Empezaron
a guisarla ensayándola como escabeche. ¿Una harina que engordara
seres humanos en vez de pollos europeos? No hubo capitalistas que impulsaran
una fábrica piloto. Le preocupaba sobre todo, el hambre, cada vez más creciente, cada
vez más agobiante e insufrible. No llegó a saber quizás
que en Taiwán las galletas habían dejado de ser fantasía
de paladar para ser alimento y proteína. Tuvo quizás atisbos
de que los japoneses experimentaban un bife marino o una salchicha de
anchoveta. También le preocupaba el progreso. Su visión
de Chimbote era la de un gran astillero como Hamburgo, donde los barcos
surgieran como herramientas de progreso, cada vez más y más
grandes. - Todo el futuro está en el mar. Pero primero hay que ocuparlo;
no basta decir que es nuestro-. Lo decía inflamado de una visión
futurista, que no se negaba a compartir con otros empresarios. Era una persona introvertida, hasta se podría decir que era un
hombre solitario. Era un hombre sumamente tierno con los niños,
sumamente tierno al extremo de sonrojarse o llenársele los ojos
de lágrimas cuando acariciaba uno. Era completamente honesto y
sincero... En el fondo era como un niño, un niño dulce y
amoroso, a quien con ternura y cariño podías tener como
quisieras... Era tremendamente sensible, casi infantil ... Tenía
un excesivo pudor. Tenía unas manos tan divinas, tan largas, de
dedos angulosos. Sus manos eran bellísimas, perfectas, y abarcaban
12 teclas del piano. Había armonía en sus movimientos. Su
vitalidad era extraordinaria; nunca tomaba remedios, ni siquiera una aspirina.
Los empresarios que lo conocieron dicen que era un pionero, un tipo fuera
de serie. ¿Qué hubiera sido del Perú si aún viviera
Lucho Banchero Rossi? ¿Hubiéramos dominado antes que nadie
la posibilidad de convertir la anchoveta en harina digerible por humanos,
logrando una verdadera revolución en la lucha contra el hambre?
¿Su flota se habría dedicado a pescar para la mesa al igual
que para la industria? ¿Chimbote habría sido el Hamburgo
de sus sueños futuristas?. Si Banchero hubiera dejado testamento, ese, y no otro, sería seguramente su desafío a quienes lo siguen hoy, mañana y pasado mañana. Articulo escrito por: Luis Alberto Guerrero Uchuya Primer premio Concurso
IPAE 1986. Editado por Empresa Periodística Nacional S.A. Vuelve a pagina principal de Oannes
|
|